miércoles, 24 de diciembre de 2008

La función de Ravioli

Dados una persona p y un momento de tiempo t determinados, la Función de Ravioli F(p,t) indica el tiempo, expresado en días, que pasa entre que p se da cuenta de que algo no funciona y decide cortarlo.

Hay personas en las que la función de Ravioli es constante igual o menor que 1, ésas tienen el riesgo de precipitarse.

Hay otras en las que tiende a infinito, como una rama parabólica. Ésas no se deciden nunca y los problemas se les quedan pegados como lapas en la roca.

Lo bueno, según los expertos, es mantenerla alrededor de 10. 10 días es un buen margen para tomar una decisión.

Ravioli era un piloto de origen italiano que vivió un romance con una pasajera. Él estaba esperando un taxi a la salida del aeropuerto de Bucarest. Un taxi que nunca llegaba, pero al que no se resignaba a perder. Ella le propuso coger el autobús y a lo largo del trayecto surgió entre ambos una atracción muy intensa. Uno, la otra o ambos podían haberla abortado, pero no lo hicieron. Por eso entraron juntos en el hotel de ella y allí pasaron unos días (en concreto 45) de algo que según ciertos parámetros podía denominarse amor, y según otros simple desenfreno. Y al regresar a Italia él desapareció sin dejar rastro. Un día ella lo llamó por teléfono y Ravioli le dijo que estaba enamorado de ella pero que no podía dejar a su esposa, porque a lo mejor también estaba enamorado de ella, o algo que se le parecía, o que no sabía, bueno vale pero es mucho lío. Así que ella hizo lo que cualquiera habría hecho: matarlo. Normal.

Habían pasado exactamente 10 días desde que se separaron.

Aquella mujer ingresó en la cárcel por el crimen. Sí, pero no me negarán que había resuelto el problema. Y allí se dedicó a describir en detalle su teoría matemática a la que, como homenaje, puso el nombre del malogrado piloto: Función de Ravioli. Lo bueno de estar en prisión es que da tiempo para todo, y ella aprovechó también para inventar un plato de pasta muy rico.

2 comentarios:

la valiente dijo...

Yo también quise matarle.
A besos.

Anónimo dijo...

Eureca!!!Ya entiendo por qué no me gustan los Ravioli. Si llego con mucho apetito a casa y eso me espera de cenar, se me crispan los nervios y un instinto no "muy santo" se apodera de mí. Suerte que a esa hora ya no está la cocinera y...presintiendo mi desequilibrio emocional ante esas "pastas", deja los cuchillos bajo llave.Eso de ra-violi...me suena a "rayar en la violencia".
DCG
Chile